La producción de semillas oleaginosas
en nuestro país tiene una gran
importancia. Producidas desde los
años sesenta, (como resultado de la
restructuración que se da en el agro
mexicano, a partir de la cual, toman una
singular importancia los granos
forrajeros) estas semillas han servido
como materia prima a dos de las
principales agroindustrias nacionales,
la aceitera y la de alimentos
balanceados. Pero no sólo eso, sino
que además se vincula en forma directa
con la producción de carne y sus derivados.
Destaca la soya, la cual se ubica
como la oleaginosa de mayor
importancia, debido a que en el caso
de las pastas, no existe un cultivo
sustituto, y porque además los
grandes volúmenes de aceite extraídos
de la semilla procesada para la
elaboración de pasta, juegan un papel
de oferta autónoma disponible, que en
muchas ocasiones determina tanto los
volúmenes de importación como el
precio de otros aceites.
De esta forma se estima que la
producción nacional de oleaginosas,
tiene una contribución reducida a la
oferta de aceites y pastas que requiere
la industria aceitera y de alimentos
balanceados, ya que:
a) Produce el 9% de la oferta total de
aceite vegetal.
b) Genera el 10% de los cultivos
anuales, como soya, girasol, colzacanola,
semilla de algodón y cártamo,
entre otros.
c) Produce el 42% de los aceites de
plantación tropical (básicamente
copra).
d) Produce el 20% de la oferta
doméstica de pastas. (Ibidem). 1 |