Se trata de un cultivo muy extendido en los países de clima templado.
La ganadería intensiva es la que ha demandado de forma regular los alimentos que ha tenido que proveer la industria, dando lugar al cultivo de la alfalfa, cuya finalidad es abastecer a la industria de piensos.
La importancia del cultivo de la alfalfa va desde su interés como fuente natural de proteínas, fibra, vitaminas y minerales; así como su contribución paisajística y su utilidad como cultivo conservacionista de la fauna.
Por ser una especie pratense y perenne, su cultivo aporta elementos de interés como limitador y reductor de la erosión y de ciertas plagas y enfermedades de los cultivos que le siguen en la rotación1.
Su raíz puede introducirse a más de 9 m de profundidad, puede alcanzar cualquier reserva de nutrientes y soportar sequías extremas. Esta planta se adapta muy bien a condiciones climáticas variadas, pero precisa de ciertas condiciones de suelo y de un cultivo apropiado. En terrenos de regadío, aumenta la productividad de cultivos posteriores. Se usa como acondicionador del suelo y como pasto, y, una vez seca y almacenada, se utiliza como alimento de ganado vacuno, ovino y porcino, caballos y aves de corral. Sus flores son también un alimento excelente para abejas melíferas, y se utiliza como aporte vitamínico en comidas preparadas. Sus brotes tiernos se usan a menudo en ensaladas2.