El frijol se consume como grano maduro, como semilla inmadura o como vegetal (hojas y vainas). Este cultivo presenta una gran diversidad
no sólo en sus términos de su adaptabilidad a un amplio rango de ambiente, sino tambien en cuanto a los métodos de cultivo, a su uso y a su variabilidad morfológica.
Los principales estados productores, en orden de importancia son: Zacatecas, Durango, Sinaloa, San Luis Potosí, Guanajuato y Chiapas. En México se siembran alrededor de 1.8 millones de hectáreas al año de frijol y se logra una productividad promedio de 0.7 ton/ha. Esta productividad corresponde con la media Latinoamericana para este cultivo. (Roca, et al., 1994; SIAP, 2003).
La producción de este grano en el ámbito nacional es muy vulnerable a las condiciones climatológicas que prevalecen durante el ciclo productivo, debido a que el 84 por ciento de la superficie destinada a este cultivo se úbica en áreas de temporal en donde la principal limitante de la producción corresponde sin duda a la escasa disponibilidad de agua, fenómeno que se agudiza en regiones con bajo régimen pluvial como Zacatecas, Durango, San Luis Potosí, Guanajuato, Chihuahua, en los cuales se concentra el 70 por ciento de la producción (SAGAR-CEA, 2002; INEGI, 2005)2.